Columna de opinión: Derechos Humanos, Verdad y Dignidad para las víctimas es mejor democracia - INDH

Columna de opinión: Derechos Humanos, Verdad y Dignidad para las víctimas es mejor democracia

Columna de opinión: Derechos Humanos, Verdad y Dignidad para las víctimas es mejor democracia

Marzo 26, 2013

memoriaEste domingo 24 de marzo se celebró el Día Internacional del Derecho a la Verdad en relación con Violaciones de los Derechos Humanos y la Dignidad de las Víctimas, luego de que Naciones Unidas lo declarase día oficial en 2010, como un forma de reconocimiento de la comunidad internacional respecto de las violaciones a los derechos humanos cometidas por los Estados en diversos momentos y circunstancias. En nuestro país, miles de personas recordaron a sus familiares víctimas de la dictadura.

La conmemoración de este día, alude a la importancia de comprender que el presente y futuro de los países debe considerar el pasado que los ha llevado a ser lo que son y esperan ser. En Chile, cuando nos encontramos ad portas de la conmemoración de los 40 años del golpe de Estado que quebró el orden constitucional y la democracia, trayendo consigo el asesinato, la detención y tortura de ciudadanos y ciudadanas, así como la consecuente y profunda herida a sus familiares y a la sociedad toda, la importancia de la verdad y el reconocimiento de lo ocurrido recobran especial fuerza y sentido.

La consolidación de la memoria en relación a las violaciones masivas, sistemáticas e institucionalizadas a los derechos humanos perpetradas por el Estado y sus agentes entre 1973 y 1990, así como la reparación, verdad y justicia para las víctimas, no sólo es un deber del Estado con ellas, sino también un sano proceder de éste para con las actuales y futuras generaciones, ya que se basa en una democracia construida bajo la garantía de no repetición de tan horrorosos hechos.

El derecho a la verdad contribuye, entre otras cosas, a que nuestros jóvenes, niñas y niños sean capaces de comprender el valor de la democracia, y el respeto a la dignidad de las personas, sin discriminación. Dignidad de aquellos y aquellas que perdieron sus vidas víctimas de la violencia de Estado, dignidad y respeto por el dolor de sus familiares que durante décadas han trabajado por conocer la verdad sobre el destino de sus seres queridos.

Respecto de lo ocurrido en Chile, el Instituto Nacional de Derechos Humanos, a través de sus informes anuales, ha instado al Estado de Chile a mejorar los tiempos de respuesta judicial, sin dañar la calidad de las investigaciones; a ejercer a cabalidad las acciones encomendadas al Programa de Derechos Humanos del Ministerio del Interior; a preservar y promover la memoria en relación al período dictatorial, velando por la sustentabilidad de las instituciones dedicadas a ello y apoyando la creación de nuevas; entre otros puntos.

En este marco, resulta relevante hacer mención a los intentos que algunos actores –cada vez menos- hacen por negar, minimizar o incluso homenajear a quienes han sido condenados por el propio Estado por los crímenes de lesa humanidad cometidos. Desde luego, se trata de una conducta inaceptable para el Estado ya que es éste el obligado a promover, proteger y garantizar los derechos humanos y dado además que ha aceptado formalmente su responsabilidad en dichos hechos. Inaceptable debiera ser también para todos los sectores de la sociedad si bien se trata de una tarea a más largo plazo. Un Estado y sociedad democráticos no pueden ocultar o justificar los crímenes perpetrados en dictadura por sus agentes y dependientes.

Hoy, a 23 años de recuperada la democracia, todavía existen deudas pendientes en materia de verdad. Por ello, junto con la conmemoración del Día Internacional del Derecho a la Verdad en relación con Violaciones de los Derechos Humanos y la Dignidad de las Víctimas, vaya el respetuoso saludo del INDH a los/las familiares de las víctimas en nuestro país, a quienes acompañamos en su inquebrantable voluntad de llegar a la verdad y de preservar el recuerdo, no sólo por ser éste un deber imperativo para el Estado, sino también por ser una forma de consolidar el nunca más; de cicatrizar profundas heridas y robustecer la democracia.