Columna de opinión: El impacto de la corrupción en los derechos humanos - INDH

Columna de opinión: El impacto de la corrupción en los derechos humanos

By Abril 22, 2015Noticias INDH, Opinión

Columna de opinión: El impacto de la corrupción en los derechos humanos

Abril 22, 2015

Lorena Fries - Canal judicialPor Lorena Fries Monleón, Directora del Instituto Nacional de Derechos Humanos.

“Chile y Uruguay son los países menos corruptos de América Latina”, decían los noticieros en diciembre pasado, al dar a conocer el Índice de Percepción de la Corrupción de Transparencia Internacional. Hoy, a menos de 5 meses, cabe preguntarse si mantendremos este liderazgo después de los hechos de corrupción y falta de probidad que se han destapado.

Hoy no sólo está en juego nuestro puesto en un ranking internacional. Lo que está en riesgo es la confianza de la ciudadanía en esta democracia y el ejercicio de derechos en igualdad de condiciones.

La corrupción reemplaza las reglas del juego democrático que nos garantizan a todos/as la igualdad y la no discriminación, por otras que responden a intereses particulares. Por ejemplo: si el dinero tiene influencia en las decisiones de quienes ejercen el poder político, ¿qué confianza va a tener la ciudadanía en que sus representantes tomen decisiones en función del interés público? Es que en el caso del financiamiento ilegal de las campañas electorales, se altera el principio de “una persona, un voto”, otorgándole a las empresas financistas una desproporcionada capacidad de influir en las decisiones de los legisladores, imponiendo sus intereses particulares por sobre el deber de resguardo del interés general.

Lo mismo ocurre con el desvío de fondos sociales cuando son utilizados para fines o según criterios que no responden al bien común. Las coimas o dádivas pueden desviar el sentido de las políticas o decisiones del Estado, para favorecer a aquellos que las pagan. En este sentido, la corrupción puede impactar, y suele hacerlo, tanto a los derechos civiles y políticos, como a los derechos económicos, sociales y culturales. Esto es especialmente preocupante en el caso de los sectores de ingresos bajos y medios, en tanto el desarrollo de sus planes de vida suele depender en mayor medida de diferentes programas o medidas del Estado.

Los hechos de corrupción ocurren allí cuando hay una inclinación y una oportunidad. Por eso, la crisis actual debe generar respuestas enérgicas y decididas que modifiquen las normas, instituciones y prácticas que incentivan o permiten la corrupción y la falta de probidad.

Es obligación del Estado, en sus diferentes ámbitos y niveles, diseñar adecuados impedimentos normativos e institucionales que desincentiven su ocurrencia, considerando los estándares de derechos humanos que ni la acción política, ni la legislación, ni el interés privado deben pasar a llevar. Lo que no puede ocurrir tras estos hechos es que la ciudadanía quede con la sensación de impunidad y de desesperanza respecto al presente y futuro de nuestra democracia. Es mucho lo que está en juego.

Columna de opinión publicada en el diario La Segunda, el miércoles 22 de abril de 2015.