Día Nacional de los Pueblos Indígenas en Chile

By junio 24, 2011Noticias INDH

Día Nacional de los Pueblos Indígenas en Chile

junio 24, 2011

El 24 de junio fue declarado como el Día Nacional de los Pueblos Indígenas de Chile a través del Decreto Supremo Nº 158-1, el 24 de junio de 1998, considerando que en esta fecha la cosmovisión de los pueblos originarios contempla rituales y ceremonias espirituales de renovación y purificación correspondientes a un año nuevo o nuevo ciclo de la vida ligado a la naturaleza que renace o se renueva.

La fiesta del Año Nuevo o fiesta del Dios Sol, se llama We Tripantu,  Machaq Mara, Inti Raymi, Aringa Ora o Koro y Likan Antai, en la lengua o etnia Mapuche, Aimara, Quechua, Rapa-Nui y Atacameña respectivamente.

El sentido del nuevo año

Para muchos pueblos esta festividad se inicia con el solsticio de invierno en que el sol volverá a acercarse a la tierra para dar lugar al tiempo de la nueva siembra y nuevos brotes. Es la renovación de la naturaleza.

Este acontecimiento se festeja con diversos ritos, ceremonias y encuentros familiares, entre el 21 de junio y el 24 de junio de cada año.

 

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  • HERALDO ARACEL dice:

    REBELION MAPUCHE

    Llegó la espada por caminos inciertos
    y nacieron cruces de cielos e infiernos.
    La floresta lloró millares de muertos
    que recibió con temporales de inviernos.
    Ocultaron el genocidio Araucano
    diseminado por turbulentos hombres
    que nunca lo miraron como su hermano
    dentro de sus templos de sagrados nombres.
    Con aceites sucios su frente lavaron,
    vistiéndolo con mortajas de la greda
    y con inciensos de lágrimas sellaron
    el sepulcro de sus imborrables penas.
    Con su sangre coronaron el prestigio
    de una guerra criminal y castellana,
    justificando dominios con litigios
    unilaterales de su raza hispana.
    La muerte lo introdujo en su limbo cruel
    para iluminar los cuerpos flagelados
    y mutilados en guerras sin cuartel,
    en nombre de Monarcas Santificados.
    Con sudarios destrozados por el hierro
    de arcabuces y de filosas espadas,
    bajó mudo al lecho de su propio entierro,
    llevando el dolor a su última morada.
    Tristes, inmensamente fríos y solos,
    y pisadas por la herradura animal
    quedaron las huesas Mapuches como olas
    de muerte, causada en forma criminal.
    La Fauna lloró también millares de ellos,
    detestados por el hombre acorazado.
    Los volvió semillas en sus propios lechos
    brotando Toquis de arrojos impensados.
    Nacieron entre miles de conciencias vivas
    los clamores de justicia y libertad.
    Y crecieron como riadas sorprendidas
    guerreros de coraje en la inmensidad.
    Cayeron como palpitantes cascadas
    sobre la tierra. Sus doradas semillas
    germinando Loncos con inesperadas
    fuerzas para doblegar los de Castilla.
    Los mantos de la muerte los esperaban
    con gargantas rugiendo rebeldes gritos.
    Sus arcos, tripas españolas tensaban,
    y flechas cruzaban los pechos malditos.
    Con la magia de los sagrados canelos
    del tronco débil, pequeño, casi inerte,
    nacieron toquis bajo valientes suelos
    entre lluvias llenas de vida y de muerte.
    Las vertientes y ríos de plata nueva
    refulgieron en cascadas sobre el monte
    y copihues llenaron de primavera
    la tierra generosa, de sur a norte,
    de cordillera a mar y de Luna a Sol.
    Y un cántaro de cielo virgen vertió
    en los mantos esmeraldas del Ñielol,
    la sangre del Toqui que no se rindió.

    Libertad

    Se levantó el mapuche con su lanza
    manchada de sangre azul española,
    mezclándola con trozos de casacas,
    yelmos, corazas y osamentas plomas.
    Regresan derrotados a sus fuertes
    para armarse con cañones y espadas,
    comenzando ataques de fuego y muerte.
    Muertes clavadas en cruces paganas.
    Fuego a campos, bosques y dignas rucas,
    “En nombre de su Santísimo Dios”.
    Buscaban tesoros para sus urnas
    repletas de aljófares, plata y oro.
    Se levantó el araucano invencible
    para hacerse más dueño de su tierra.
    Rasgó con diez mil zarpazos de tigre
    el pecho hispano y su coraza nueva.
    Tres siglos le negó su potestad
    luchando con pie seguro y descalzo.
    Traspasó con orgullo y libertad
    las coronas pulidas del hispano,
    las brumas otoñales de los campos,
    los bosques de quilas impenetrables,
    los pehuenes, canelos y avellanos.
    Voló con aletear de las aves.
    Trepó volcanes por cumbres andinas.
    Navegó en lagos de eternos misterios.
    Emergió un grito entre gargantas tibias
    traspasando las fronteras en asedios.
    Tocó montes, playas selvas y mar.
    Se detuvo en el cielo del Arauco.
    Creció como estampida universal
    entre pumas, huemules y guanacos.
    Prosiguió de norte a sur incansable,
    invisible, sigiloso, sereno,
    alerta, victorioso y aplastante.
    Y más fuerte que sus lejanos reinos.
    Se hizo lamento fúnebre y temido
    entre los intrusos usurpadores.
    Atacó con las fuerzas de un felino
    los pechos tapizados de blasones.
    Irrigó con la sangre generosa
    el deseo guerrero hecho pan libre.
    Tan libre, como polen de la flora.
    Tan únicos como flor de copihues.
    Agitó las campanas de los templos.
    Humilló sotanas del shamán blanco.
    Resopló sobre los gélidos vientos.
    Silenció los rezos morocristianos.
    Cercenó las cabezas empolvadas.
    Siguió por caminos inesperados.
    Sobre lomos de las veloces maras.
    Entre flecos de sus dolidos mantos.
    No pudieron callarlo. ¡Libertad!
    ¡Libertad!, era el canto libre…, libre
    como riadas corriendo hacia el mar.
    Libre entre boldos, canelos y lingues.
    Aún suenan en Arauco y Temuco
    el golpe inconfundible de la chueca,
    los chillido de libertad del brujo,
    golpeando porras sobre una testa.
    El grito ¡libertad!.. ¡Libre el Arauco!
    Le revienta los oídos al huinca.
    Le taladra sus sentidos gastados
    con infames leyes expansionistas.
    Con ponchos mapudungun le tapona
    los azules cristales de su cara.
    Le lastima su nobleza orgullosa
    escudada en calzones de hojalata.
    Libertad por el gran Caupolicán,
    Lautaro, Colo Colo, Pelantaro
    Tucapel, Galvarino y Lincoyán.
    Los Caciques y Toquis del Arauco.
    ¡Regresa a tus palacios Huinca tregua!
    ¡No pises el Arauco nunca más!
    ¡El mapuche es el dueño de su tierra!
    Libertad es su orgullo…¡Libertad…!