DDHH: el carácter moral de Chile

DDHH: el carácter moral de Chile

Marzo 30, 2011

Es en la cárcel y en el sistema penal donde se aprecia el modo en que una democracia valora los derechos de sus ciudadanos.

por Jorge Contesse

En su reciente visita al país, el Presidente Barack Obama pronunció un discurso que muchos han calificado como pobre en cuanto a sus anuncios. En él, sin embargo, reiteró una idea que circula hace varios años en la comunidad internacional: Chile puede y debe ser ejemplo del fortalecimiento de la democracia y los derechos humanos. Se trata de un país que vivió un quiebre institucional, que dentro de la legalidad salió del mismo, y que ha hecho esfuerzos -que es necesario discutir acaso han sido suficientes- por recuperar la memoria, buscar la verdad y promover la reparación.

En Chile, solemos quedarnos con la retórica economicista que nos encumbra como un país con buenas credenciales en la región, la que se acompaña del sonado éxito de la transición política a la democracia. Pero lo anterior no es suficiente si aspiramos a ocupar una posición de liderazgo global. Para ello, el compromiso permanente con el respeto a los derechos humanos ha de ser inequívoco. Es ésta nuestra carta de presentación moral. En tanto, ya no se lucha contra un régimen autoritario que persigue a sus opositores políticos, las demandas de los ciudadanos son más complejas y diversificadas. Allí está la agenda en esta materia.

El gobierno ha puesto un énfasis destacable -que no estaba en los cálculos de los analistas- en la reforma penitenciaria. Se trata, como se venía advirtiendo por muchos años, de una crisis profunda que pone en cuestión el compromiso con la dignidad de sus integrantes, incluidos aquellos que han delinquido. Es en la cárcel y en el sistema penal donde se aprecia el modo en que una democracia valora los derechos de sus ciudadanos. Y por demasiado tiempo las autoridades no quisieron ver este problema o, cuando lo hicieron, fue para hacernos creer que lo correcto era ir cada vez por más mano dura. En esto, la Alianza fue muy exitosa, pero la Concertación, que gobernó por dos décadas, tiene en su pasivo una triste deuda: generar una sobrepoblación carcelaria sin parangón y querer lidiar con ello a través de una solución aun más represiva, como es la construcción de cárceles.
Conjuntamente, la agenda de derechos humanos necesita una revisión de la política criminal que impulsa el Estado. Aquí se hace preciso discutir acerca de la manera en que abordamos el delito, tanto el común como aquellos hechos de mayor gravedad. Al respecto, sigue vigente una legislación antiterrorista que no pasa los estándares internacionales y que, de no ser modificada, seguirá provocando la comparecencia de Chile ante tribunales internacionales. No podemos ser a la vez una democracia robusta y perseguir criminalmente en base a testigos sin rostro y acusaciones de irregularidades en las investigaciones.

Finalmente, las demandas por inclusión social que personas y grupos hacen, requieren la atención del Estado. La sociedad chilena es hoy más tolerante, más abierta y de interacción creciente con inmigrantes. Todos estos ámbitos, además de la permanente búsqueda de verdad y reparación por las violaciones del pasado, deben ocupar la energía de las autoridades. De no hacerlo, seguiremos relegados al segundo plano de los países en desarrollo y los indicadores económicos no podrán suplir el déficit moral que aún tenemos.

Fuente: Diario La Tercera